El aumento de la producción a nivel europeo, tras la desaparición de las cuotas lácteas, provoca que la demanda internacional no sea capaz de absorber los excedentes generados. Sin embargo, en España nos encontramos en una situación paradójica, puesto que la producción nacional asciende a poco más de 6 millones de toneladas frente a las 9 millones que se consumen. Esto hace que los países excedentarios coloquen aquí sus productos. Y entonces nos surge una duda, si producimos el 70% de consumo interno ¿por qué queda leche de nuestras granjas sin recoger?

El problema se agrava con la figura del dumping (práctica comercial que consiste en vender un producto por debajo de su coste de producción con el fin inmediato de ir eliminando a las empresas competidoras y apoderarse finalmente del mercado). Debemos recordar que en los últimos años la industria láctea francesa se ha ido colocando estratégicamente en el mercado español con el beneplácito de nuestro gobierno y la complicidad de las grandes superficies, la mayor parte de ellas de capital galo. Ante esta situación los ganaderos españoles se encuentran cada vez más desmoralizados y en un túnel cuya salida se aleja cada vez más.

Y si esto no fuese suficiente, la imagen que percibe la sociedad de nosotros es la de especuladores de subvenciones. Pero esto no refleja la realidad. Lo que no se suele conocer, es que el coste de producción ronda los 34 céntimos de euro mientras que el de compra no supera, en la mayor parte de los casos, los 30 céntimos. Aunque llevamos padeciendo esta situación mucho tiempo, se ha agravado en el último año, provocando que la renta de las explotaciones se convierta en negativa. Es por este motivo que la viabilidad de las mismas dependa de las ayudas europeas. Consideramos que las ayudas que favorezcan la modernización y el desarrollo tienen que ser bien recibidas en cualquier sector, ya que por norma general conllevan una mayor eficiencia. Pero no se puede pretender prolongar en el tiempo un desfase en los costes de producción y venta a costa de los fondos públicos.

Quizá es el momento de plantear una cuestión: ¿Quiénes son los auténticos beneficiados de estas ayudas? Por una parte los ganaderos las necesitan para poder hacer frente a sus pagos. Por otra parte las industrias lácteas consiguen comprar la materia prima por debajo del coste de producción.

Por si esto fuera poco, se nos acusa de una mala praxis, no solo con la naturaleza sino también con los animales. Esto nos causa indignación ya que en nuestro trabajo cuidamos de ellos y del medioambiente. Su bienestar es el nuestro, y nuestro medio de vida. Como cualquier colectivo no estamos libres de gente de dudosa reputación (en cuanto a buenas practicas se refiere), pero he de decir que el 90% de los ganaderos y agricultores nos dedicamos a ello de forma profesional, limpia y responsable, porque de verdad nos gusta nuestro trabajo.  Solo esperamos el respecto por parte de la sociedad a la labor que hacemos. España está llena de parajes naturales, y la ganadería forma parte de ellos. ¿Quién cuida sino de esos parajes?

Nos queda mucho trabajo por hacer y creo que todos tanto consumidores, como productores, industria, ministerio, distribución…debemos caminar en la misma dirección. Un camino que nos permita vivir dignamente y estar orgullos de nuestros productos.

Desde nuestra asociación demandamos medidas que verdaderamente velen por nuestros intereses, que nos permitan vivir dignamente de nuestra actividad y que no se basen en partidas económicas provenientes de presupuestos nacionales y europeos. Necesitamos mediadas que favorezcan el cooperativismo como forma de dar un valor añadido a nuestros productos,  a través de su comercialización en origen, De esta manera evitamos la especulación propia de la empresa privada, que nos utiliza a su antojo como si de títeres se tratara.

El final de las explotaciones ganaderas se encuentra cada vez mas cerca. Parece que nadie se da cuenta de la importancia del ganadero-agricultor como productor de alimentos de primera necesidad, ni siquiera unos gobiernos que esta permitiendo que muera el sector sin buscar soluciones que lo eviten.

Son tiempos difíciles, excesivamente difíciles, aunque en estos momentos de crisis sólo hay un perjudicado. Las empresas transformadoras anuncian cada vez más ganancias, consecuencia del bajo precio de compra, y la distribución como tal, mantiene los mismos margenes.

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